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Mostrando entradas de noviembre, 2015

;quiérete.

Nos ocultan la verdad, limitan nuestra libertad de elegir, de saber, de querer, y nos enseñan un mundo incierto, nos drogan con mentiras que nublan la vista, cosen los labios, y duermen las piernas. Nos cosen como marionetas a los estereotipos, a las etiquetas. Exponen como a muñecos a los pocos que tienen ''el cuerpo perfecto''. Una perfección objetiva, impuesta al mundo como la única existente. Y todo lo demás no vale. Lo que no vale es tachar de no válido a un cuerpo querido por quien lo habita. Porque qué perfección hay más grande que quererse tal cual somos, que quererte como eres.

Te fuiste

Te fuiste y se me enfrió el café. Sin tus besos, tu piel sobre mis huesos, me helé. Que hasta Nueva York se hubiese congelado al verte cerrar la puerta y la historia. Que ya esas pestañas no enmarcan miradas llenas de deseo, si no de miedo al vacío. Y que sepas, que todo aquello que no nos dijimos hace acto de presencia en mi cuerpo, clavándose como cuchillos en la espalda de 13 besos que tú te encargabas de contar cada noche                  -no fuese que alguien te robase alguno- Te fuiste y te llevaste todo lo que era tuyo, dejándome sin alma, sin cuerpo, sin vida. Me dejaste tirada en la cama, buscando entre las sábanas frías tu esencia, efímera como la canción del verano. La canción de aquel verano que comenzó muy pronto                   -y quizá terminó demasiado tarde-