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Cómo comencé a olvidarte

Me arrepiento de no haberte querido ni la mitad de lo que te merecías. De haberte besado de menos y llorado de más. No te di todo lo que podía por miedo a que me dejaras caer. Y ahora me queman por dentro todos los te quiero que no te dije.
Nunca cerraba los ojos del todo cuando nos besábamos, por miedo a que tu los abrieses y te dieras cuenta de que mis miedos formaban una barrera entre tú y yo. La distancia que quedaba entre nosotros al separarnos, era mi sitio preferido para pedirte perdón en silencio por no entregarme a ti como tú lo hacías. Tengo guardado bajo la almohada todo lo que nunca te llegué a contar, a modo de desvelos en los que te imagino allí tumbado, dejando que las palabras mudas bailen al son de mis latidos cuando pierden el compás. Que tengo el corazón cansado de repetir la misma pieza de baile mil veces, para acabar siempre pisándote los pies. Creo que tanto intentar querer mucho, se le ha olvidado como querer bien. Su presencia se me hace casi inexistente cuando no quiero escucharlo porque estoy demasiado ocupada autoconvenciéndome de que no te echo de menos ni te quiero en mi vida. Y dicen que de tanto repetir el guión, al actor se le olvidó que aquello era un teatro; tal vez por eso ya solo te lloro en las madrugadas de los miércoles, cuando el viento me trae tu aroma o cuando suena nuestra canción. Puede ser que ya te esté olvidando. Y quizá algún día ya no recuerde el azul nublado de tus ojos, la forma de tu boca o tus manos. Pero ten por seguro que jamás me permitiré olvidarme de como me mirabas; de tu media sonrisa; o de que cuando me agarrabas, me hacías pensar que a tu lado era invencible.

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