Por si algún día nos deshacemos y decidimos dejar de conocernos, quiero que sepas que hemos sido lo que siempre había deseado. Tan despreocupados de crecer por estar tan ocupados descosiéndonos para enseñarnos el alma. Tenían razón. Me has llegado muy adentro. Me he enamorado como nunca llegué a imaginar. He visto en unos ojos arder el infiernos a la vez que sentía que el cielo estaba escondido en ellos. Me he perdido en las líneas de tus manos, buscando la manera de moverlas a mi antojo, cambiando tu destino para que fuese el mismo que el mío. He recorrido cada centímetro de tu espalda dibujando corazones con la yema de mis dedos, sintiendo tu aliento en mi cuello, sabiendo que subía al precipicio más alto, con las vistas más bonitas del mundo, pero teniendo también siempre presente que una corriente de aire podría hacer que precipitase al vacío. Vivo con el miedo a que me dejes caer, a que te quedes como un simple espectador viendo caer a quien te ha querido dar todo. Porque supongo que todas las locuras tienen su grado de riesgo. Creo que quererte está siendo la mayor locura que he hecho en mi vida, y sin duda la que me da más miedo que salga algo mal. Y te confieso mis intenciones de ser tu sudadera en ese octubre mojado, tu primer beso después de las doce uvas, tu flor favorita de cada primavera, y el mar donde bañarte en los días más calurosos de ese agosto tan seco. Quiero ser la luna a la que aúlles cada vez que te separes de la manada, una bocanada de aire fresco cuando te ahogues entre pensamientos grises y tu mayor fan cada vez que cojas una guitarra. Quiero formar parte de tu vida, y que tú también estés dispuesto serlo de la mía. Porque te quiero, te quiero conmigo, sin mi, libre, del derecho y del revés.
Creo que de todo lo material que tengo, lo más preciado para mi cabría en una mochila. Sin embargo, la mayoría de cosas por las que daría mi vida (quizá no es algo de lo que enorgullecerse), están en mi cabeza y en el corazón de la gente que cree en mi. Últimamente palpo la brevedad de lo valioso tan a menudo que a veces, ni siquiera disfruto pensando en que podría acabarse pronto. Ay, dónde estarán las Ítacas en esos momentos. L a insoportab l e levedad del ser, es la gran cuestión alrededor de la que todo gira. El amor, la am b ición, la percepción, lo que no contamos. Para cada ser, un mundo. Para mi, todo lo que es leve es a la vez lo más pesado, aunque aún sigo sin entender cuál es el polo positivo y cuál el neg a tivo. El amor, el gran motivo de la existencia. Invisible pero tan cierto que he escuchado corazones romperse, entre otros, el mío. Aunque defendería hasta la muerte, a evidencia de los ingleses, que no tienen una palabra para expresarlo (pobres.....
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