Cuando menos te lo esperas, pasa un tren por la vía equivocada en el momento equivocado. Y ahí estás tú, tan sumida en tu certeza de que es el tuyo, que lo coges sin pararte a pensar si realmente te llevará a tu ya planeado destino. Lo que no sabes es que vas a volverte loca dentro de ese tren. Y ademas te va a gustar. Te llevará por senderos que no conocías, verás las montañas más blancas y el mar más azul, atardeceres rojizos y cielos negros llenos de pecas blancas. Sentirás lo que nunca imaginaste que podrías llegar a sentir, tendrás entre tus labios sabores que podrían llegar a ser pecado si se descubrieran en tierra firme. Quién podría decirte a ti, niña de las libertades, que te ibas a quitar el lazo del pelo para atarlo a la muñeca del que te acompañará hasta que se os cansen las alas, sí, esas que él te ha vuelto a coser para poder llevarte al cielo sin levantar los pies del suelo, con sólo un par de caricias y algún que otro te quiero.
Creo que de todo lo material que tengo, lo más preciado para mi cabría en una mochila. Sin embargo, la mayoría de cosas por las que daría mi vida (quizá no es algo de lo que enorgullecerse), están en mi cabeza y en el corazón de la gente que cree en mi. Últimamente palpo la brevedad de lo valioso tan a menudo que a veces, ni siquiera disfruto pensando en que podría acabarse pronto. Ay, dónde estarán las Ítacas en esos momentos. L a insoportab l e levedad del ser, es la gran cuestión alrededor de la que todo gira. El amor, la am b ición, la percepción, lo que no contamos. Para cada ser, un mundo. Para mi, todo lo que es leve es a la vez lo más pesado, aunque aún sigo sin entender cuál es el polo positivo y cuál el neg a tivo. El amor, el gran motivo de la existencia. Invisible pero tan cierto que he escuchado corazones romperse, entre otros, el mío. Aunque defendería hasta la muerte, a evidencia de los ingleses, que no tienen una palabra para expresarlo (pobres.....
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